1
¡Oh, los que creéis! Respetad los compromisos. Es licito para vosotros [comer la carne de] los animales de los rebaños, excepto de aquellos que se os va a comunicar. La caza no es lícita para vosotros mientras estéis consagrados [durante la peregrinación]. En verdad, Dios decreta lo que desea.
2
Oh, los que creéis! No profanéis los sacramentos de Dios, ni el mes sagrado, ni las ofrendas, ni las guirnaldas, ni molestéis a quienes se dirigen a la Casa Sagrada buscando la misericordia de su Señor y Su satisfacción. Y, cuando salgáis de vuestro estado de consagración, podéis cazar. Y que los malos sentimientos hacia un pueblo que os impedía llegar a la Mezquita Sagrada no os inciten a la injusticia. Y ayudaos mutuamente a hacer el bien y al temor de Dios, pero no colaboréis en el pecado y la agresión. Y sed temerosos de Dios. Ciertamente, Dios castiga con severidad.
3
Se os prohíbe [comer] la carne de los animales muertos, la sangre, la carne del cerdo y de lo que se ha ofrecido a otro distinto a Dios; el animal estrangulado o golpeado hasta morir o muerto por una caída o por una cornada, o lo devorado por una fiera, excepto lo que podáis purificar,y lo sacrificado sobre las piedras, así como dividir [la carne] consultando la suerte de las flechas. Todo ello es una trasgresión. Hoy, los que no creen, han desesperado de que vuestra religión decline. Por tanto, no les temáis a ellos, temed de Mí. Hoy he completado vuestra religión y he consumado Mi bendición sobre vosotros y estoy satisfecho de haberos dado como creencia el Islam. Y quien se vea obligado por el hambre, no por ánimo de pecar, encontrará que Dios es, verdaderamente, perdonador, misericordiosísimo con los creyentes.
4
Te preguntan que es lícito para ellos. Di: «Son lícitas para vosotros las cosas buenas y puras, y [la caza] con los animales de presa que habéis enseñado con lo que Dios os enseñó a vosotros. Comed, pues, de lo que capturen para vosotros y mencionad el nombre de Dios sobre ello. Y sed temerosos de Dios. Ciertamente, Dios es rápido haciendo la cuenta.»
5
Hoy se han hecho lícitas para vosotros las cosas buenas y puras. Y los alimentos de aquellos a quienes les fue dada la Escritura [Sagrada] se han hecho lícitos para vosotros y vuestros alimentos lícitos para ellos. Y las mujeres honestas de entre las creyentes y las mujeres honestas de entre aquellos a quienes les fue dada la Escritura [Sagrada] antes de vosotros, cuando les hayáis dado su dote en matrimonio, no tomándolas como fornicadoras o como amantes. Y quien abandone la fe, habrá malogrado sus obras y en la otra Vida será de los perdedores.
6
¡Oh, los que creéis! Cuando os pongáis en pie para la oración, la-vad vuestra cara y vuestras manos hasta los codos y pasad la mano [húmeda] por vuestras cabezas y por vuestros pies hasta los empeines. Y, si estáis impuros, purificaos y si estáis enfermos o de viaje o alguno de vosotros viene de hacer sus necesidades o habéis mantenido relaciones con las mujeres y no encontráis agua, purificaos con tierra pura, pasando las manos con ella por vuestros rostros y por vuestras manos. Dios no desea imponeros una carga, sino que quiere que os purifiquéis y completar Su favor sobre vosotros para que así, quizás, agradezcáis.
7
Y recordad el favor que Dios os hizo y el pacto que Él estableció con vosotros, cuando dijisteis: «¡Oímos y obedecemos!» Y sed temerosos de Dios. Dios sabe bien lo que hay en lo más profundo de los corazones.
8
¡Oh, los que creéis! Proteged la justicia por Dios, dando testimonio equitativo y no dejéis que los malos sentimientos contra un pueblo os lleven a no ser justos. ¡Sed justos! Eso está más cerca del temor de Dios. Y temed a Dios. En verdad, Dios está bien informado de cuanto hacéis.
9
Dios prometió a quienes creen y actúan rectamente que serán perdonados y obtendrán una recompensa inmensa.
10
Y, aquellos que no creen y desmienten Nuestras señales, son la gente del Infierno.
11
¡Oh los que creéis! Recordad el favor de Dios cuando un grupo quería poneros las manos encima y Él refrenó sus manos (para que no fueran) contra vosotros. Y temed a Dios, pues, en Dios es en quien confían los creyentes.
12
Ciertamente, Dios estableció un pacto con los Hijos de Israel y designamos entre ellos doce jefes. Y Dios dijo: «¡Estoy con vosotros! Si realizáis la oración, entregáis la limosna ritual, creéis en Mis Mensajeros, les dais vuestro apoyo y hacéis a Dios un préstamo generoso, Yo cubriré vuestras faltas y os introduciré en Jardines de cuyas profundidades brotan los ríos. Y, quien de vosotros, después de esto, descrea, ciertamente, se habrá extraviado del camino recto.»
13
Y, por haber violado su pacto, les maldijimos y endurecimos sus corazones. Desvirtúan el significado de las palabras y olvidan parte de aquello a lo que, con ellas, se les llamaba la atención. No cesarás de descubrir la traición en ellos, exceptuando a unos pocos. Perdónales y discúlpales. En verdad, Dios ama a los virtuosos.
14
Y establecimos un pacto con los que decían: «Ciertamente, somos nazarenos.» Pero olvidaron una parte de lo que se les recordaba en él, por lo que suscitamos entre ellos la enemistad y el odio hasta el Día del Levantamiento. Dios les mostrará claramente lo que estaban haciendo.
15
¡Oh, gente de la Escritura [Sagrada]! Ha venido a vosotros Nuestro Mensajero mostrando claramente mucho de lo que ocultabais de la Escritura y eliminando mucho. Ha venido a vosotros, procedente de Dios, una Luz y una Escritura clara.
16
Con ella, Dios guía por caminos de paz a quien busca Su satisfacción. Él les lleva de las tinieblas a la Luz y les guía hacia el camino recto.
17
Ciertamente, aquellos que dicen: «El Mesías hijo de María es Dios» niegan la Verdad. Di: «Si Dios quisiera aniquilar al Mesías hijo de María, a su madre y todos los seres de la Tierra ¿Quién podría impedirlo?» A Dios pertenece el gobierno de los cielos y la Tierra y de lo que hay entre ellos. Él crea lo que desea. Dios tiene poder sobre todas las cosas.
18
Y los judíos y los cristianos dicen: «Somos los hijos de Dios y Sus preferidos.» Di: «¿Entonces, por qué os castiga por vuestros pecados? Sólo sois otros seres humanos de los [muchos] que Él ha creado.» Él perdona a quien quiere y castiga a quien quiere. Y a Dios pertenece el gobierno de los cielos y la Tierra y de lo que hay entre ambos y todo regresa a Él.
19
¡Oh, gente de la Escritura [Sagrada]! Ha venido a vosotros Nuestro Mensajero, tras un periodo sin Mensajeros, para explicaros [las enseñanzas divinas], no fueseis a decir: «No ha venido a nosotros nadie que nos comunicara la buena nueva ni nos advirtiese del castigo.» Así pues, ha venido a vosotros un portador de la buena nueva y advertidor del castigo. Y Dios tiene poder sobre todas las cosas.
20
Y (recuerda) cuando Moisés dijo a su pueblo: «¡Oh, pueblo mío! Recordad la merced de Dios con vosotros, poniendo entre vosotros profetas y haciendo de vosotros soberanos y otorgándoos lo que no le había sido dado a ninguna otra nación.»
21
«¡Oh, pueblo mío! Entrad en la tierra sagrada que Dios ha dispuesto para vosotros y no retrocedáis pues os convertiríais en perdedores.»
22
Ellos dijeron: «¡Oh, Moisés! En verdad, en ella habita un pueblo de gigantes y no entraremos en ella mientras ellos no salgan. Si ellos la abandonan nosotros entraremos.»
23
Dos hombres de los que temían a Dios y a los que Dios había agraciado dijeron: «Atacadles por la puerta. Cuando consigáis entrar, habréis vencido. Y confiad en Dios si sois creyentes.»
24
Dijeron: «¡Oh, Moisés! Jamás entraremos mientras ellos continúen allí. ¡Id tú y tu Señor y combatidles! Nosotros nos quedaremos aquí sentados.
25
Dijo [Moisés]: ¡Dios mío! No tengo poder excepto sobre mí mismo y sobre mi hermano. Aléjanos de la gente trasgresora.»
26
Dijo [Dios]: «Estará prohibida para ellos. Cuarenta años vagarán por la Tierra. No te entristezcas por ese pueblo trasgresor.»
27
Relátales la verdadera historia de los dos hijos de Adán, cuando ambos realizaron una ofrenda a Dios y a uno de ellos le fue aceptada pero al otro no. [Éste] Dijo: «¡Juro que te mataré!» Dijo [el otro]: «Dios sólo acepta la ofrenda de quienes son temerosos.
28
Si levantas tu mano para matarme yo no levantaré la mía para matarte. En verdad, temo a Dios, el Señor de los mundos.
29
Deseo que cargues con mi pecado y con el tuyo y que seas de la gente del Fuego. Esa es la recompensa de los opresores.»
30
Su alma le fue haciendo aceptable la idea de matar a su hermano y le mató, convirtiéndose con ello en uno de los perdedores.
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