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¡PROCLAMA la infinita gloria del nombre de tu Sustentador: [la gloria de] el Altísimo,
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que crea [cada cosa], y luego la forma con arreglo a su función,
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y determina la naturaleza [de todo cuanto existe], y luego lo guía [hacia su plenitud],
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y que hace brotar el pasto,
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y después lo convierte en un rastrojo pardusco!
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TE ENSEÑAREMOS, y no olvidarás [lo que se te enseña],
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salvo aquello que Dios quiera [que olvides] –pues, realmente, [sólo] Él conoce lo que es perceptible [al hombre] y lo que [le] está oculto.--:
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y te facilitaremos [así] el camino a la [suprema] facilidad.
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RECUERDA, PUES, [a otros de la verdad, sin mirar] si este recuerdo [parece] ser de provecho [o no]:
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quien tema [a Dios] lo tendrá presente,
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pero se mantendrá alejado de él el más desdichado –
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ese que [en la Otra Vida] será arrojado al gran fuego
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en donde no morirá ni vivirá.
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En verdad, dichoso será [en la Otra Vida] quien se purifique [en esta],
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y recuerde el nombre de su Sustentador, y rece.
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Pero vosotros preferís esta vida,
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aunque la Otra Vida es mejor y más duradera.
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Realmente, [todo] esto estaba ya [expuesto] en las revelaciones anteriores –
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las revelaciones de Abraham y de Moisés.